Histórico regreso de Mirtha Legrand, Silvia y José a Villa Cañás

Histórico regreso de Mirtha Legrand, Silvia y José a Villa Cañás

"Vinimos con mis hermanos para homenajear a mamá"

La palabra “memoria” estuvo presente durante toda la jornada. El martes 4 de octubre de 2005, a las siete de la mañana, los tres hermanos Martínez Suárez, Rosa María Juana, María Aurelia Paula y José Antonio, viajaron a la localidad de Villa Cañás, distante 350 kilómetros de Buenos Aires, para asistir a un homenaje en memoria de su madre, doña Rosa Suárez de Martínez.

Los tres hermanos prepararon en secreto cada detalle del viaje, y a partir del momento en que se subieron al Mercedes Benz gris de Mirtha Legrand empezaron a disfrutarlo. Durante el trayecto recordaron cada pueblo que aparecía en los carteles de la Ruta 8: Fortín Tiburcio, Agustinas, Hughes y otras localidades les resultaban tan familiares como en aquellos tiempos de juventud.

Llegaron a Villa Cañás cerca del mediodía. Cada esquina, cada lugar de ese pueblito ubicado en el sur de la provincia de Santa Fe estaba lleno de recuerdos. Se los veía emocionados y a la vez felices. El primer destino fue una visita a la casa de Cleria Martínez de Garabano, prima de los tres hermanos. Hubo lágrimas, risas y recuerdos. El tiempo pasó rápido y quedaban otros sitios por visitar. “Enseguida se hizo la hora de la siesta, que acá es sagrada, pero decidimos despertar a los amigos y sorprenderlos con nuestra presencia”, cuenta José. “Traemos un paquete para el dueño de casa”, respondía bromeando cuando preguntaban quienes eran. “Así, sorprendimos a viejos amigos como Facio Asenjo, Roberto Sales y Enzo Realy. Fue muy emocionante. Hacía veinte años que no volvíamos los tres juntos al pueblo”, dijo el cineasta. Luego decidieron ir a la casa familiar sorprendiendo a su actual dueña, Guillerma Comiro de González. Mirtha recorrió la propiedad que aún mantiene los pisos y las puertas de antaño. Josecito llegó hasta la puerta, pero prefirió no ingresar para guardar en su interior la imagen del hogar en su infancia.
A las 13.30 los tres llegaron a la Escuela Número 178 “Juan Cañás” para asistir a la inauguración de un aula que fue bautizada con el nombre de Rosa Suárez, quien fue maestra en ese establecimiento entre 1919 y 1936.

Villa-Canas

Casi todo el pueblo se había acercado para verlos. En la vereda, los mejores alumnos portaban orgullosos la bandera de ceremonia. La directora, María Elena Baztán de Borrás, fue la encargada de recibirlos y ubicarlos en la primera fila del patio central del colegio. Más tarde los Martínez Suárez subieron al primer piso para cortar la cinta inaugural y ninguno de los tres pudo contener las lágrimas.

“Es difícil hablar en este momento. Desde que llegué tengo un nudo en la garganta y no paro de llorar. Estoy tan emocionada, me parece mentira estar acá. Esto es todo un sueño. Me felicito por haber venido. ¡Qué suerte que estamos acá con mis hermanos!”

Emocionada como pocas veces, Mirtha debió interrumpir el relato a causa de las lágrimas. Era la más sensible de los tres, y su imagen parecía hacer honor a “Chiquita”, su apodo de la niñez. “Hace aproximadamente dos meses José me dijo que le iban a hacer un homenaje a mamá, y que un aula de la escuela llevaría el nombre Rosa Suárez. Yo le dije que eso me emocionaba mucho porque este colegio fue y es muy querido por todos nosotros. Ni lo dudé. Decidí dejar mi programa grabado y venir hasta acá con Silvia y José. Fue un viaje muy placentero, y más aun lo fue la llegada. Cuando me reencontré con tantas caras queridas no lo podía creer. Mi madre también fue maestra nuestra, aquí en este colegio. Vivo recordando a mi pueblo porque para mí sigue siendo mi pueblo. Reconozco que por mi profesión viajé mucho, pero no hay otro lugar como Villa Cañás. Nunca lo olvido ni lo olvidaré. Lo amo profundamente. Cada vez que lo nombro me pongo de pie, y si estoy en uno de mis almuerzos también hago poner de pie a los invitados”.

Vestida de negro y prolijamente peinada y maquillada, Goldie habló con CARAS: “Amo este lugar y quisiera terminar mis días acá al igual que mi hermana. Nosotras nos portábamos muy bien. Mamá era nuestra maestra y la de muchos chicos más. José era el más revoltoso. Hacía líos para que lo mandaran a la dirección y estar tranquilo para leer. Sus libros preferidos eran los de la colección ‘El tesoro de la juventud’. Hoy es un día muy importante para nosotros. Nos emociona que a pesar del paso del tiempo reconozcan la labor de mi madre de esta manera. Mi madre entró cuando sólo había dos aulas en el colegio e integró la Comisión Pro Edificio. Con los años, un decreto del gobierno colaboró para ampliar la escuela. Fue su sueño hecho realidad.”

Esa misma tarde los hermanos quisieron visitar la estación de trenes. Mientras Mirtha estaba sentada en la sala de espera, José contaba lo que significaba la llegada del tren para el pueblo y la nostalgia que sentían cada vez que partían hacia la Capital. Rosa Suárez era una mujer fuerte y a la vez dulce. Alegraba la casa con sus gracias. Había vivido en España y allá se recibió de maestra. Le encantaba llevar a sus hijos a Buenos Aires para ver zarzuela. Su marido, José Martínez, también era un apasionado del arte. Los dos eran muy unidos y deseaban que sus hijos llegaran lejos en la vida. Las mellizas estudiaban zapateo americano y danzas españolas, mientras José tomaba clases de piano.

villa cañás santa fe

“Recuerdo que nos encantaba ir al cine Dante, que estaba al lado de casa. Muy cerca había una confitería donde papá tomaba Fernet con aceitunas y nos esperaba. Cuando salíamos pasábamos a buscarlo, tomábamos un refresco, nos comíamos unas aceitunas y volvíamos a casa. Recuerdo que Carlina Castex de Artiaga era una de las señoras más distinguidas del pueblo, y hasta que ella no llegaba al cine no empezaba la película. Por suerte, como era una mujer educada, nunca se atrasaba más de diez minutos. Usaba un perfume fuerte y rico que mi hermana Mirtha no olvida”, recuerda Josecito.

“Hoy me pregunto qué hubiera sido de mí si me hubiese quedado en Cañás. Seguramente me hubiera casado con alguien de aquí y hubiera sido muy feliz. La estación de trenes era la salida obligada, todo pasaba por ahí. Las chicas iban del bracete. Iban a espiar quién subía y quién bajaba de cada formación. Los casamientos de los sábados eran otro atractivo del pueblo”, confesó “Chiquita” Martínez, como aún la llaman en Villa Cañás.

Martes 4, 17.00 horas. Josecito, Goldie y Chiquita vuelven a repetir el mismo itinerario de la llegada: se suben al auto de Mirtha en la puerta del colegio, recorren las calles de Cañás, la mítica estación y se despiden de su prima Cleria. Es hora de volver a Buenos Aires. Cargan nafta en una YPF y retoman la Ruta 8. Décadas y décadas de recuerdos se entrecruzaron durante seis horas. Volvieron los hermanitos Martínez Suárez. Y se fueron con la promesa de volver.

Por: Rebeca Peiró y Romina Redl (desde Villa Cañás) | Revista Caras

Compartilo!

Artículos relacionados

No se puede comentar